"¿Cuánto cuesta hacer una app?" sigue siendo la pregunta que más nos hacen, y ahora casi siempre viene con una segunda parte: "...si ya existe la IA, ¿no debería ser gratis, o casi?". No. Cambió qué tan rápido se construye software. No cambió que alguien tenga que decidir qué construir, revisar que funcione, y responder cuando algo se cae un sábado.
Vamos a separar las dos cosas.
Lo que sigue determinando el precio
El precio no lo pone el nombre del proyecto, lo pone lo que realmente tiene que hacer — y eso no cambió con la IA. "Un sistema para reservar horas" puede ser un formulario simple, o puede terminar necesitando que avise por WhatsApp, que cada vendedor vea solo lo suyo, y que se pague con tarjeta al reservar. Mismo nombre, tres veces el trabajo — como pedir "remodelar el baño": a veces es cambiar la llave, a veces es mover cañerías.
Como referencia gruesa del mercado chileno: un sitio informativo que después puedes actualizar tú mismo son semanas de trabajo. Un sistema pensado para tu negocio, con distintos tipos de usuario y conexión a otras herramientas que ya usas, es un proyecto de meses. Algo grande, con pagos y varias partes que dependen entre sí, mejor por etapas — primero lo esencial. Ninguno de estos plazos lo cambió la IA: depende de qué tan claro esté lo que necesitas antes de partir.
Lo que sí cambió
Sí usamos IA para programar, y no lo escondemos: nos ayuda a avanzar más rápido, por eso hoy la primera versión que puedes tocar con las manos suele llegar en días, no en semanas. Lo que no cambia es que la calidad del producto, la experiencia de usarlo y el soporte después de lanzarlo los seguimos garantizando nosotros — la IA nos hace más rápidos, no reemplaza el criterio de quién construye contigo.
Por qué cotizamos por proyecto, no por hora
Cobrar por hora traspasa el riesgo de un alcance mal definido a quien contrata: si el proyecto se alarga, el reloj sigue corriendo y el que paga los platos rotos es el cliente. Nosotros cerramos alcance y precio antes de escribir una línea de código. Si algo cambia a mitad de camino — y casi siempre cambia algo — se conversa como una fase nueva, no como una sorpresa en la boleta.
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